viernes, 30 de julio de 2021

Homenaje a las familias de A Tasca y Calzados Doval

Ayer tendría que haberse celebrado el Milagro de San Vicente, pero a causa de la situación que vivimos por segundo año se suspendió. La prudencia manda.

Sin embargo, sí se mantuvo la entrega de los reconocimientos de la Asociación a varios compañeros. El acto de entrega tuvo lugar ayer por la tarde, a las 19:30 horas en la Plaza del Campo, frente a nuestra querida fuente de San Vicente, en que se homenajeó a Luis y Maruchi en nombre de la familia de A Tasca, por toda una vida dedicada a la hostelería.

También, por primera vez, se entregó un premio a toda una vida dedicada al comercio, que se inauguró con la familia de Calzados Doval, si bien por solicitud de los interesados su entrega se desarrolló en un acto privado.

Como es habitual se trató de un acto muy sencillo y de corta duración, en el que una vez más nos acompañó la alcaldesa, Lara Méndez, a quien agradezco particularmente su deferencia.

A TASCA

Luis y Maruchi, Maruchi y Luis, han sido durante décadas una referencia indiscutible de la Calle de la Cruz en particular y de la ciudad en general. Su buen hacer tras la barra y los fogones convirtieron A Tasca, un local que la familia de Luis ya llevaba desde hacía décadas, en parada obligatoria en cualquier ruta de los vinos.

Luis comenzó a trabajar en el local de sus padres (que siguen entre nosotros y han disfrutado viendo cómo su legado mejoraba día tras día) a los 14 años, y Maruchi se incorporó en los años 80 tras casarse con él. Uña y carne, compañeros de vida y de negocio, han ocupado un espacio fundamental en nuestras vidas y nuestros corazones.

Los tiempos fueron cambiando durante las más de siete décadas de A Tasca, pero perduró la calidad y el buen servicio, la piedra angular de cualquier negocio que quiera perdurar. La exquisita elaboración de tapas únicas e inolvidables, como el pincho moruno o la ensaladilla de Maruchi, se complementaba con la fantástica atención de Luis y los demás compañeros del local.

Lugo Monumental quiere agradecerles no sólo su buen hacer profesional, sino que han estado siempre entre los colaboradores más activos de esta Asociación. No ha habido iniciativa en que A Tasca no estuviera en primera línea, ni actividad en que no se pudiera contar con ellos. Han sido un faro de amistad y de unión para la zona y estamos seguros de que ahora disfrutarán junto a su familia de una merecedísima jubilación.


Calzados Doval

Nada menos que 81 años fue lo que se mantuvo Calzados Doval, de la mano de la familia del mismo nombre. Abierta en 1939 por Braulio Doval, tras su fallecimiento en 1980 se hizo cargo del negocio su hijo, que mantiene el mismo nombre, Braulio Doval.

Durante estas más de ocho décadas Calzados Doval ha sido un referente no sólo del casco histórico, sino de la ciudad de Lugo y su provincia. Calidad, variedad y una casi obsesiva preocupación por satisfacer a sus clientes han sido la marca de la casa y la explicación de cómo ha podido superar tiempos difíciles para la economía que otras entidades no pudieron resistir.

La fidelidad al buen producto y la atención esmerada de la mano de la familia Doval y sus incombustibles trabajadoras Mari Méndez y Otilia Trigo, han llenado de buenos recuerdos a todos los lucenses que pasaron por el establecimiento, que ocupaba un edificio entero de la calle Conde Pallares lo que, en una ciudad del tamaño de Lugo podría haber parecido excesivo pero que probablemente supuso la clave de su éxito.

Calzados Doval cerró por jubilación, y por eso desde Lugo Monumental queremos hacerle un homenaje a estos excepcionales compañeros, colaboradores en toda cuanta iniciativa se ha desarrollado desde la Asociación y en el casco histórico. Una saga que atesora conocimientos y recuerdos de tantos años de buena profesión y que, además, son unas magníficas personas, lo que es muchísimo más importante.

Con nuestra querida familia Doval, queremos iniciar el reconocimiento a toda una vida dedicada al buen comercio, y no podíamos haber comenzado mejor, con el aplauso a una saga que hizo de Lugo lo que es.

jueves, 29 de julio de 2021

El escaso seguimiento de los Plenos municipales de Lugo

Las lámparas del salón de plenos iluminan temas lucenses con menos frecuencia de la debida

Hoy toca Pleno en el Ayuntamiento de Lugo. Se retransmiten en directo por Internet en el canal de Youtube municipal, aunque su éxito es más bien discreto. Los últimos cuentan con alrededor de un centenar de visualizaciones, entre otras cosas porque son un coñazo bastante soporífero y habitualmente ya sabemos lo que se va a decir antes de que cada uno de los portavoces abra la boca.

Yo antes los veía. Tenía de fondo en el trabajo el Pleno, que escuchaba con unos auriculares como otras personas tienen puesta la radio. Reconozco que le hacía poco caso salvo algún momento puntual en que una frase me llamaba la atención, pero también les diré que hace ya tiempo que no los sigo, y eso es mucho decir para una persona tan pendiente de Lugo como soy. Es más, me interesa en sí mismo el funcionamiento de todo esto, y en mi época de estudiante en Santiago iba a los plenos municipales y no me perdía casi ninguno del Parlamento de Galicia. El entonces jefe de gabinete del Presidente, don Luis Cordeiro, con la amabilidad que le caracterizaba me había habilitado un pase permanente del que hice buen uso.

Con tanto interés entonces, ¿por qué ese desapego al foro donde se supone que se debaten las cuestiones que más interesan a los lucenses? Pues porque no dicen nada nuevo. El Pleno se ha convertido en un cruce de monólogos en que cada cual suelta su discurso maximalista y ya me he cansado de oír cómo todos los males de la ciudad son achacables a los partidos del lado contrario independientemente de quién hable. La constructividad brilla por su ausencia, y sí, es posible hacer las cosas mejor porque en los tiempos en que iba a ver los plenos en Santiago recuerdo al entonces alcalde, Gerardo Estévez, dialogar con los demás partidos y llegar a acuerdos por el bien de la ciudad. Algo imposible a día de hoy probablemente.

La inutilidad de los plenos se trasluce incluso en la desidia que hay para colgar las actas de las sesiones. Hace ya años que no lo hacen, aunque durante mucho tiempo al menos ponían unos “extractos” en que podías conocer los acuerdos adoptados, aunque no quién había votado cada cosa como se hacía antes. Esta desinformación no nos permite conocer qué grupos se posicionan a favor o en contra de los asuntos tratados, algo que francamente resulta como mínimo chocante.

Es curioso que nada menos que un 30% de los asuntos tratados este año en el Pleno no tienen absolutamente nada que ver con las competencias municipales. Debatir en el salón de todos los lucenses sobre el “Procés”, el IVA de las peluquerías, la tarifa eléctrica o los parques eólicos está muy bien como divertimento, y sería relevante si los señores concejales estuvieran acodados en la barra de un bar en su tiempo libre, pero no lo veo claro en una institución que se supone que se tiene que ocupar de los problemas locales bajo sus competencias.

Es que son temas que interesan a los lucenses”, podrá decir alguno. También les interesa a muchos cómo queda la Liga y no veo que hablen de eso. Hay que diferenciar entre las propuestas que buscan el voto facilón (que, en realidad, cuenta lo mismo que los otros y por eso se busca) y las que realmente tienen sentido en una ciudad. No tiene lógica perder el tiempo de nuestros próceres locales hablando de cosas que no están bajo sus competencias, y si no les gusta estar tan limitados, preséntense al Parlamento de Galicia o el Congreso de los Diputados.

En Lugo, hablen de Lugo.

miércoles, 28 de julio de 2021

Estamos cada vez más histéricos

Manda narices tener que explicar estas cosas

Cuando leí la noticia del gato que encendió un equipo de música y despertó a los vecinos me hizo mucha gracia, como a todos… hasta que pensé en qué pasaría si yo fuera uno de esos vecinos y ni se me pasara por la cabeza que las cosas habían sido así. Para mayor fantasía, El Progreso de hoy recoge que el gato le dio al botón de repetición con lo que la misma canción sonaba una y otra vez, como en una maldición obsesiva.

En mi caso sería peor, porque además soy un poco cositas con el tema de los ruidos y me parece muy molesto tener que aguantar que el vecino de turno quiera confundir su casa con una sala de conciertos y poner a todo trapo una música con la que a lo mejor no estamos muy de acuerdo. Ni siquiera estándolo. Hay unos maravillosos dispositivos llamados auriculares que te permiten destrozarte los tímpanos sin molestar al prójimo, y no comprendo la resistencia que hay a usarlos.

Tal vez el COVID no nos esté ayudando a ser más pacientes y tolerantes, cuando tendría que ser justo al revés. El hecho de estar todos metidos en casa durante una temporada nos debería haber enseñado la importancia de ser comedidos en las emisiones sonoras y a entender que según yo oigo a los demás, los demás me oyen a mí. Pues no.

Los carteles curiosos de las comunidades de vecinos siempre existieron, pero no en tan gloriosa frecuencia. Ahora es raro el edificio donde no hay que recordar a los convivientes cosas de puro sentido común y que no se le habrían ocurrido a nadie hace unos pocos años.

“Saldremos mejores de esto” decían. Hoy esa frase es una siniestra contradicción con la dura realidad. Estamos más tensos, más irritables, somos cada vez menos empáticos… para muestra la imbecilidad dicha por el Alcalde de Ourense, de que no comparte que le den la Medalla de Oro de Galicia quienes “sólo” ponen inyecciones para lo que, según él, no hace falta pericia alguna. Seguro que cree que él la merece más por elevar su estupidez a niveles olímpicos (y el PP acaba de renovar el apoyo a este señor…).

Lo dicho, estamos histéricos.

martes, 27 de julio de 2021

El Ayuntamiento de Lugo diagnostica la dependencia de redes sociales

 

La dependencia de redes sociales puede ser terriblemente dañina

Aún no he podido ver el IV Plan de Drogodependencias del Ayuntamiento de Lugo, presentado ayer por la Alcaldesa, Lara Méndez, y el concejal de juventud, Mauricio Repetto, pero tiene buena pinta. El documento recoge la de las redes sociales como una de las adicciones de los jóvenes de hoy (creo que se podría ampliar a la sociedad en general).

Internet tiene cosas maravillosas y cosas terribles, como casi todo en este mundo. Las redes sociales, nacidas con la buena intención de conectar a las personas independientemente de las distancias que las separen, permiten conocer a gente con la que de otra forma sería improbable que interactúes. Por ejemplo, a mí me ha permitido encontrar a Lucía Barrios, una excepcional ilustradora con la que estamos trabajando en un cuento infantil (ya les contaré, que esperamos tenerlo en la calle en septiembre) y que si no fuera por Facebook probablemente nunca habría conocido.

También es cierto que las redes sociales sirven para volcar lo peor del alma humana. Un símbolo de por qué se ha torcido este tipo de páginas es el de los trolls, esa gente que sólo está ahí para insultar y crear tensión desde el supuesto anonimato de las redes, justificado infantilmente con que “no quieren dar sus datos a empresas” cuando esas empresas son las que precisamente saben de sobra quiénes son. Todos sabemos que lo que no quieren es que sus amigos y su familia sepan la mala persona que se esconde tras su nombre falso. Si hubiera que poner el nombre real toda esa morralla se cortaría bastante más a la hora de escribir.

La gran ventaja de esto es que te dan cierta facilidad para evitar lo malo y quedarte con lo bueno. El bloqueo es una forma de no tener que aguantar las faltadas, y si les digo la verdad yo, que era bastante de mantener larguísimas y estériles discusiones con perfiles anónimos, ahora opto por zanjar la cuestión cuando entra en espirales ridículas o, llegado el caso del insulto o la falta de respeto, bloquear. Y vivo mucho mejor.

Pero al margen de esta cuestión puntual, sí es cierto que las redes crean ansiedad. Si se lo dice un tío cuarentón como yo, imagínense lo que tiene que ser para esa chavalada que ha nacido con estas cosas integradas en su vida como si fueran realidades tangibles. Esa tensión que todo adolescente tiene por ser popular en el cole o el instituto ahora se ve incrementada con la de reflejar en las redes una vida perfecta, sea o no sea cierta. De hecho, da la impresión de que les importa más esa imagen virtual y falsa que la vida real, lo que es un síntoma de patología como otro cualquiera.

Probablemente nos hemos equivocado con esto, pero tampoco sé muy bien cómo se podría evitar. Conseguir que un adolescente entienda que el mundo real es otra cosa, y que la vida está más allá de los “me gusta” de Instagram o demás tenderetes virtuales es más espinoso de lo que pudiera parecer en un principio.

El primer paso para solventar un problema es detectarlo, y a falta de ver la guía elaborada por el Ayuntamiento, parece que eso lo han cubierto. La receta parece que la basan en dar opciones de ocio alternativo, algo complicado en un momento de pandemia que no ayuda a la causa de la realidad sobre la fantasía, pero estoy seguro de que es el camino correcto.

Supongo que las actividades físicas son la clave y no me refiero sólo al deporte (que también) sino a todo tipo de acciones que tengan que tener lugar en el mundo real.

Estamos en un momento complicado, en que un año y medio de anormalidad ha disparado lo virtual como vía de escape. Ya no se trata de juegos de matar bichos, sino de algo más grave, de construir una vida idealizada que, en comparación con la del día a día, siempre va a causar frustración.

Cuidadito con las redes.

lunes, 26 de julio de 2021

10 cosas que los lucenses nacidos en los 70 ya no pueden hacer

Los recreativos puede que sean el mayor símbolo de una época desaparecida

Lugo es una ciudad en que las costumbres son casi tan estables como la Muralla. Somos una población a la que le gusta insistir en sus hábitos, pero algunos de ellos, que eran prácticamente el pilar de la vida social de toda una generación, ya son imposibles de cumplir. Aquí hay 9 de las cosas que los lucenses nacidos a mediados de los 70 nos marcaban el día a día pero hoy ya no podemos hacer:

1.- Ir al Gran Teatro a ver un espectáculo.

Las grandes salas han desaparecido al perder la guerra contra los multicines. Aquellos enormes patios de butacas entre los que destacaba el Gran Teatro, son solamente un recuerdo, y también pasaron a la historia el Kursal, el cine Ronda, el Paz o el Victoria.

2.- Sabores que ya no existen

El cierre de establecimientos históricos también supuso la desaparición de tapas míticas como los mejillones del Verruga, los pinchos morunos de A Tasca o la tortilla del 14. Emblemas de una forma de hostelería que va desapareciendo y con ella muchos recuerdos. También eran míticos los cucuruchos del Papa’s, con su largo listado de salsas con nombres peculiares (yo tomaba la Ali-Vou).

En la Calle de la Reina, junto a Madarro, los helados de la Suiza fueron los que perduran en la memoria colectiva de nuestra generación. También los de la heladería de la calle Camiño Real (entonces 18 de Julio) y que combinaban la confección artesanal con un encantador local del que destacaban las sillas blancas de diseño de los años 70.

3.- Establecimientos inolvidables

Las bicis de Hijos de Félix Latorre en la Ronda de la Muralla, los estilógrafos de la Stende de Campo Castillo o la papelería de la Librería Celta, la ropa infantil de Las Gutiérrez… eran metas para los niños de Lugo en una época en que se consumían menos cosas.Míticos establecimientos a los que se acudía para comprar donde lo habían hecho nuestros padres e incluso abuelos, hoy desaparecidas. 

Algunas cerraron hace poco, como la tienda de las velas de la calle de la Cruz, una referencia del casco histórico hasta la jubilación de Víctor y Teté. Un negocio peculiar, con el irresistible encanto de las antiguas tiendas de barrio con un producto único que desde que cerraron ya no se puede encontrar.

4.- Alternar en locales bajo tierra

Bajar las escaleras del Quijote y calentarse ante su inolvidable chimenea, o las de La Bodeguita o el Ancla, que después se convertiría en el SuperFly, era otra cosa. Daban una sensación de club alternativo de película de espías de los años 40. Hoy día probablemente las normativas de accesibilidad los convirtieran en ilegales.

5.- Tardar 7 horas en llegar a Madrid por la Nacional VI y dos en ir a Foz

La autovía A6 supuso sin lugar a dudas un antes y un después en la ruptura del secular aislamiento de Lugo por carretera. Los impresionantes puentes y túneles de esa imprescindible obra de ingeniería acercaron Madrid en más de una hora y media, y sólo cuando ocasionalmente hay cortes que nos desvían por la vieja Nacional VI recordamos lo que eran aquellos viajes eternos llenos de curvas. Lo mismo pasaba para ir a la costa de Lugo, a la que se tardaba tanto que todos íbamos a Miño porque se llegaba antes hasta la apertura de la A8.

6.- Jugar en los recreativos

Los salones de máquinas, que estaban estratégicamente situados junto a los Institutos u otros más a desmano como el de García Abad, eran puntos de encuentro de expertos en videojuegos y otros que éramos menos duchos. El Bomb Jack, el Galaxy o el Super Mario Bros…

7.- Ir a los conciertos de Mecano en San Froilán

El grupo ya no existe y las tendencias lógicamente son otras, pero los inolvidables conciertos de las primeras figuras del panorama musical español eran uno de los grandes atractivos de las patronales de Lugo. Mecano, Miguel Bosé, Luz Casal, Hombres G y los primeros puestos de la lista de los 40 principales no dejaban de venir a Lugo a celebrar el San Froilán. 

8.- Colarte en la antigua FRIGSA

El edificio fantasmagórico de la vieja Frigsa, hoy demolido, era un escenario de película de terror que teníamos a un paseo de casa. Colarse en sus pasillos, bajar a los sótanos y curiosear por las enormes salas del antiguo matadero era un imán para los más atrevidos. Los rumores sobre ritos satánicos y prácticas ocultas en los pisos más bajos siguen presentes en el imaginario colectivo de nuestra generación.

9.- Quedar en Souto

Era el punto de encuentro por antonomasia. Muchas veces ni siquiera había que decir el lugar: con llamar por teléfono a casa de los amigos (y esperar que no te cogieran los padres porque inexplicablemente te daba corte) y decir “nos vemos a las cinco y media”, ya sabías que el punto de encuentro era el escaparate de la Librería Souto… para acabar sentados a pocos metros junto a los viejos leones metálicos que hoy están en el MIHL.

10.- Ir a las fiestas de tarde

Cuando éramos menores de edad las fiestas de tarde de Yguazú, Valentino o Studio 3 eran la alternativa de ocio que nos hacía sentir “mayores”. Ocio nocturno a plena luz del día con guiños a una edad adulta en que ahora a muchos les gustaría poder volver atrás en el tiempo.

Recuerdos irrepetibles, como ir a por cintas al videoclub, usar el locutorio para llamar a casa, conectarse a Internet en un ciber… que los años convierten en experiencias que atesoramos con el cariño de un tiempo que, mejor o peor, ya no volverá.

Artículo publicado en La Voz de Galicia del 25 de Julio de 2021

viernes, 23 de julio de 2021

La Xunta decreta nuevamente medidas, y algunas son absurdas

Demostración empírica de que anular una de cada cuatro mesas (en rojo) no varía las distancias entre las demás (en verde). Las medidas están muy bien si sirven para algo. De lo contrario es hacer daño por hacer daño.

El aumento de los contagios (¡quién se lo iba a imaginar!) ha hecho que la Xunta de Galicia decrete nuevas medidas para intentar contener esta quinta ola que, como todos sabemos, ha sido causada por los malvados hosteleros, en ese plan que tienen para acabar con la población y poder así dejar de trabajar por no tener clientes a los que atender. Es un plan absurdo, digno de un villano de James Bond, pero como todo enemigo de lo público el hostelero medio tampoco es que tenga que preocuparse de ser coherente.

La Xunta, en su infinita sabiduría, ha decretado que para contener los contagios hay que tomar medidas efectivas y rigurosas, como reducir los aforos en terrazas, ya que es evidente que si hay tres personas a dos metros unas de otras se contagian muchísimo menos que cuatro a dos metros unas de otras. Se ve que el bicho coge carrerilla cuando hay más gente y salta distancias más grandes.

Miren, casi voy a dejar la ironía porque he detectado que en ocasiones no se comprende, porque como lo escrito no se entona al leer alguien puede pensar que hablo en serio.

No suelo criticar las medidas de protección de la población porque todos entendemos que hay que hacer sacrificios. Si hay que cerrar locales, siempre que se les indemnice debidamente por esa situación, pues se cierran. Si hay que reducir horarios, con el mismo condicionante que en el punto anterior, pues se reducen. Pero lo que no es de recibo es aprobar medidas destinadas únicamente a tranquilizar a una población que asiste atónita a los mismos errores ola tras ola.

Si una terraza tiene las mesas a las distancias que se consideren convenientes (creo que son 1,5 metros en este momento) es irrelevante el número de mesas que haya. La bobada de anular mesas es tan sumamente arbitraria que no sostiene el menor análisis crítico. Poner mesas para tener que precintarlas después no sólo supone un trabajo adicional sin sentido (que claro, como lo hacen otros, es decretado sin rubor) sino que no es efectivo, que es lo más preocupante.

Por ejemplo, si el aforo es del 75% supone anular una mesa de cada cuatro, lo que no tiene ningún efecto ya que las distancias entre las tres mesas restantes son exactamente las mismas. Lo suyo sería que cuando hay una incidencia mayor las distancias entre mesas se aumentasen y que en vez de 1,5 metros sean 2, por poner un ejemplo.

Esto haría que en aquellos sitios donde no quepan las mesas con esas distancias haya que retirar algunas, sí, pero “salvaría” a quienes tienen posibilidad de sumar algo más de espacio para compensar esa separación siempre que, por supuesto, los ayuntamientos lo permitan.

En Lugo, por ejemplo, el Ayuntamiento ha sido tremendamente sensible con este tema. Se han permitido situaciones que en condiciones normales serían un disparate, pero la Alcaldesa, Lara Méndez, ha tenido la empatía suficiente como para entender que sacrificar unas cuantas plazas de aparcamiento para salvar a muchos locales de hostelería era una buena medida y por eso permitió, temporal y provisionalmente, usar más espacio del que estábamos acostumbrados.

Las medidas nos pueden parecer exageradas o no, pero lo que nunca pueden es ser absurdas. Tomar decisiones que suponen poner en peligro a los pequeños autónomos y su actividad económica cuando no tienen la menor efectividad no sólo es un error, es una agresión injustificada.

Eso sí, del botellón no hablamos. Precintamos unas playas y unos parques y listo. Después aunque la gente se vaya a otro sitio a juntarse en manada a hacer el loco miramos para otro lado y listo. No sea que se pierdan unos votos.


jueves, 22 de julio de 2021

El retorno económico de la Muralla de Lugo (Ponencia del XV Curso de Primavera de la USC titulado ''Andar, caminar, marchar...'')

Portada de la publicación digital que recoge las actas del curso


En abril del año 2019 tuve el privilegio de participar en el XV Curso de Primavera de la USC, organizado por los profesores Felipe Arias y Max-Jean Zins bajo el título "Andar, caminar, marchar...". Fue una experiencia emocionante para mí, y como testimonio de la misma se han recogido en una publicación digital las actas con las ponencias de dicho curso, entre la que tengo el orgullo de que figure la mía.

Fue una aportación bastante dura con las administraciones (¡chopechaaaa!) en que quise trasladar la dura realidad de que la Muralla aporta menos al tejido empresarial de la ciudad que al contrario. Les dejo a continuación el texto y a ver qué opinan.

Me van a permitir, antes de proceder a incluir la ponencia, agradecer a la Universidad de Santiago de Compostela, a la Facultad de Humanidades y, particularmente, a los profesores Felipe Arias y Max Zins la oportunidad de participar en este curso y exponer un punto de vista diferente a lo probablemente esperado. ¡Gracias!

Pueden descargar el documento completo con las intervenciones de los ponentes en este enlace: DESCARGA ACTAS.

El retorno económico de la Muralla de Lugo

1.- La dificultad de establecer un marco de referencia.

La primera cuestión a abordar para tratar este tipo de asuntos, ciertamente difíciles de cuantificar siguiendo criterios objetivos, es el establecimiento de parámetros y marcos de referencia.

Hemos de comenzar por definir el concepto de “retorno económico”. Si entendemos el beneficio generado por la Muralla a la ciudad como tal, hay que valorar los ingresos que produce, tanto directos como indirectos.

Entre los primeros, consideraríamos los generados por entradas, rodajes, tasas… todo ello inexistente a día de hoy y difícilmente viable en el futuro, ya que la propia integración urbana de la Muralla en la vida cotidiana de los lucenses hace muy compleja su explotación económica. Por su parte, los ingresos indirectos serían los generados por los visitantes que vienen a verla y que repercutirían en las empresas locales.

Por otro lado, se suele ligar el retorno del turismo exclusivamente a la actividad hostelera, si bien revierte en todos los sectores económicos, entre los que cabe destacar el comercio, un elemento muy difícil de medir.

Sería injusto, por otro lado, basar nuestro análisis únicamente en la aportación que la Muralla hace a la hostelería sin tener en cuenta el balance final, en que habría que contabilizar también la reversión que la hostelería tiene en la propia Muralla.

Es innegable que, a día de hoy en Lugo genera más atractivo la propia hostelería que la Muralla, una afirmación dura pero fácil de contrastar si atendemos a la afluencia de fiestas patronales (San Froilán) y otras de nueva creación (Arde Lucus), fruto esta última de una idea iniciada por varios hosteleros del casco histórico que el Ayuntamiento tuvo la inteligencia de liderar, o la repercusión de eslóganes como “…y para comer, Lugo” creado en los años sesenta por Don Alfredo Sánchez Carro, frente a la escasez de visitantes que acuden a actos relacionados con la Muralla como puedan ser los organizados cada aniversario de su declaración como Patrimonio de la Humanidad o el desconocimiento general que hay incluso de su existencia.

Centrándonos en el retorno económico de la Muralla a la economía local, y aún dando por buena una mayor incidencia en restauración y hoteles como punto de partida, seguimos enfrentándonos a problemas, ya que no es sencillo cuantificar los ingresos en términos concretos y objetivos.

Si hay visitantes, ¿cómo podemos saber si vienen a Lugo por la Muralla o por otra causa? Y en su caso, ¿los ingresos que generan son a beneficio exclusivo de Lugo? Esto último es discutible, si tenemos en cuenta casos como el de las guías oficiales de turismo, que son uno de los sectores que parecerían directamente beneficiados. Es muy habitual que muchas de las excursiones que pasan por nuestra ciudad vengan con sus propios guías turísticos desde Santiago o Coruña, con lo que la repercusión económica de estos visitantes, que pasan apenas unas horas en la ciudad, es prácticamente nula.

Pero en definitiva, ¿de cuántos turistas hablamos? Es otra cuestión muy compleja dada la falta de credibilidad de los datos facilitados por las administraciones. Las cifras oficiales del Ayuntamiento de Lugo sobre los visitantes al Arde Lucus 2015 hablaban de 600.000 personas en tres días, lo que no resiste el más mínimo análisis crítico. La capacidad hotelera (incluso tomando la de toda la provincia), la imposible ubicación de los vehículos que supuestamente trasladaron a esas personas, la falta de recursos de restauración para atenderlos… hace incompatible esa cifra con la realidad. Baste como ejemplo que la Xunta calculó ese mismo número de turistas para toda Galicia en el mes de Septiembre de ese año 2015.

¿Cómo obtenemos pues cifras fiables? La hostelería lucense sufre vaivenes ligados tanto al turismo como a la actividad económica de la ciudad. No hay estadísticas de cada local que indiquen si su clientela es foránea o propia salvo, lógicamente, en los hoteles, que por su naturaleza se nutren de visitantes si bien no podemos conocer cuántos de ellos son turistas y cuántos se alojan por motivos profesionales vinculados a la actividad económica ordinaria de la ciudad. Con todas esas precauciones, y dado que son los únicos datos realmente objetivos, utilizaremos como base la evolución hotelera.

Por lo tanto, a la hora de hablar de datos objetivos utilizaremos únicamente las estadísticas de empleo y de afiliación a la seguridad social de trabajadores del sector servicios y la evolución del número de hoteles existentes en la ciudad.

 

Fuente: www.ige.eu – Instituto Galego de Estatística - Xunta de Galicia




Fuente: www.ige.eu – Instituto Galego de Estatística - Xunta de Galicia


Fuente: www.ige.eu – Instituto Galego de Estatística - Xunta de Galicia

2.- Patrimonio de la Humanidad: ¿la gran ventaja?

Se da por sentado, como axioma incontestable, que la declaración de la Muralla como Patrimonio de la Humanidad supuso un antes y un después en la repercusión del principal monumento lucense en el mundo del turismo. Sin embargo, no todas las ciudades con patrimonios contemplan su impacto con el mismo optimismo.

La declaración genera una serie de obligaciones relativas a cuidado, mantenimiento y demás aspectos, que a efectos de este estudio, al ser asumidos por la administración titular (la Xunta de Galicia) no tienen una repercusión negativa en la ciudad.

Sin embargo sí ha tenido costes prácticos, por obligaciones derivadas sobre el supuesto impacto de proyectos urbanos en la Muralla, tal y como se dio a conocer al ser obligado el Ayuntamiento a renunciar a uno de los más ambiciosos y esperados proyectos, con la malograda construcción de un auditorio en antiguo Cuartel de San Fernando.

Las ventajas de la Declaración como patrimonio de la Humanidad son, por tanto, inmateriales (promoción, orgullo, amor propio…) y materiales, con el supuesto aumento del número de visitantes, pero la falta de campañas orientadas al turismo por parte de las administraciones, que parecen vincular sus esfuerzos al consumo interno (recordemos que los turistas no votan en la ciudad), con lo que no se produce el deseado despegue en el número de visitas.


3.- La conclusión es una dura realidad: Lugo se queda descolgado.

Las estadísticas no apoyan la teoría de que la Muralla genera el excepcional retorno que debiera tras su declaración como Patrimonio de la Humanidad. ¿A qué podemos achacar ese fracaso colectivo en su explotación?

Como se ha indicado, no existe una política coherente y profesional de promoción de la Muralla de Lugo como marca propia y atractivo turístico, una obligación compartida por la Xunta de Galicia, titular del monumento pero cuya obligación quizá se puede entender cumplida con la promoción de Galicia en su conjunto, y por el Ayuntamiento de Lugo, principal interesado en la difusión de los atractivos locales.

No hay profesionales del turismo al frente de las áreas administrativas competentes, lo que genera absurdos como que las citas más importantes del mundo del turismo (FITUR) se enfoquen con una óptica meramente política y localista, que busca la difusión de la acción en la ciudad en lugar de los fines lógicos de promoción profesional. La foto en la prensa local es más importante que la acción en sí.

Tampoco hay conciencia empresarial de los beneficios que podría generar la Muralla. Apenas hay comercio de recuerdos o de actividad económica vinculada al monumento, lo que choca con su importancia histórica y cultural.


Una posible Solución:

La creación de un Patronato, dirigido por personal no político, sino profesional del turismo, nutrido con fondos públicos y privados pero con una gestión gerencial que permita la vinculación de su futuro a resultados cuantificables parece ser la forma más lógica de abordar esta cuestión.

La construcción de un espíritu común de difusión, promoción, explotación y repercusión económica de la Muralla de Lugo en el tejido empresarial local es una tarea compleja en una ciudad que no se caracteriza por su dinamismo emprendedor.

Sin embargo, entre todos podemos hacerlo mucho, muchísimo mejor.